LA MORAL ANARQUISTA  -P. Kropotkin-

-Lo que me llamaba más la atención, era que la influencia de Bakunin venía menos de su superioridad intelectual que de su personalidad moral.

Emancipación de la mujer

-Emancipar a la mujer no es abrir para ella las puertas de la Universidad, del foro y del Parlamento. Es siempre sobre otra mujer que la mujer liberada descarga el peso de los trabajos domésticos.  Emancipar a la mujer es liberarla del trabajo embrutecedor de la cocina y del lavado: es organizarse de modo que le permita, si le parece, criar y educar a sus hijos,  conservando tiempo libre para tomar parte en la vida social… Sepamos que una revolución que se embriague con las bellas palabras de Libertad, Igualdad y Solidaridad, manteniendo la esclavitud del hogar, no será la revolución. La mitad de la humanidad, sufriendo la esclavitud de la hornalla de cocina, tendría aún que rebelarse contra la otra mitad.

 

Anarquismo cristiano

-El anarquismo ha continuado desarrollándose en parte, hacia la dirección del mutualismo de Proudhon, pero sobre todo como anarquismo comunismo, al cual Tolstoy añadió una tercera dirección, el anarquismo cristiano; y una cuarta, que puede ser descrita como el anarquismo literario, empezó con algunos eminentes autores modernos.

Comunas

-Al principio casi todas las comunas fueron fundadas como consecuencia de un impulso casi religioso. Se les pedía a los hombres que se convirtiesen  en “pioneros de la humanidad”, que se sometiesen a minuciosos reglamentos morales, que se transformasen totalmente a través de la vida comunista, que entregasen todo su tiempo, durante las horas de trabajo, y al margen de las mismas, para la comuna, que viviesen totalmente para la comuna. Eso era hacer lo mismo que hacen los monjes y entrañaba pedirles a los hombres –sin ninguna necesidad- que fuesen lo que no son.

-Otro defecto era el de tomar la familia como modelo para la comuna y querer convertir a esta en “la gran familia”… era pues un error fundamental pretender imponer a todos “la gran familia”, en vez de tratar por el contrario de asegurar lo más posible la libertad y la privacidad de cada uno.

La revolución

-Por el momento solamente hay una cosa: el pueblo no tiene una idea muy clara de la revolución. La masa no la cree posible. Hablan al pueblo algunos jóvenes que generalmente cambian de idea al pasar los 30 años y, después de haber sido terroristas de 20 a 25, se vuelven juiciosos a los 35. En Rusia esos jóvenes han tratado de obrar y han hecho un credo del “terrorismo difuso”, lo que quería decir: “terrorismo contra los pequeños” (los polizontes, los capataces, etc., etc.) De éstos se han matado a millares, tal vez 3,000 o 4,000 y no dio ningún resultado.

-En cuanto al “bombismo”, es siempre la exageración individualista del blanquismo. ¡Es Malato escribiendo que si se arrojaran cien bombas sobre París se haría una revolución!... No se haría nada de nada.   

 

UN PLAN DE ORGANIZACIÓN ANARQUISTA  -Errico Malatesta-

[Una respuesta a "Plataforma Organizativa para una Unión General de Anarquistas"]

 Por casualidad (es de conocimiento común que en Italia la prensa no fascista es suprimida) me he encontrado con un panfleto en francés titulado "Plate-forme d'organisation de l'Union générale des Anarchistes (Projet)", lo cual, traducido, significa Proyecto de programa de organización de una Unión General de Anarquistas.

Este es un proyecto de organización anarquista, publicado en Noviembre de 1926 por un "Grupo de Anarquistas Rusos en el Extranjero".

Anarquismo y Organización

Los motivos de los camaradas que proponen esta Plataforma son excelentes. Se quejan, con razón, que los anarquistas no han tenido y no tienen una influencia en los eventos político-sociales en proporción al valor teórico y práctico de sus doctrinas, sin considerar su número, su valor y su espíritu de sacrificio -y ellos creen que la principal razón para esta relativa falta de éxito se debe a la ausencia de una organización grande, seria y efectiva-.

La organización de los trabajadores y la organización específica

Yo creo que es, por sobre todo, urgente y esencial que los anarquistas alcancen acuerdo y se organicen tanto como puedan y lo mejor que puedan, para que puedan ser capaces de influenciar la dirección que las masas toman en su lucha por mejoras y por su emancipación.

   Hoy en día, la fuerza más grande de transformación social es el movimiento obrero (movimiento sindical) y de su dirección depende en gran medida el curso que tomen los eventos y el objetivo a ser alcanzado por la próxima revolución. A través de organizaciones fundadas para la defensa de sus intereses, los obreros se han concientizado sobre la opresión que sufren y del antagonismo que los divide de sus amos, han comenzado a desear una mejor vida, se han acostumbrado a luchar juntos y en solidaridad, y pueden obtener esas mejoras que son compatibles con la continuación de un régimen capitalista y estatal. Después, cuando el conflicto ha ido demasiado lejos como para ser resuelto, entonces hay revolución o reacción. Los anarquistas deben estar conscientes de la utilidad y de la importancia del movimiento sindical, deben apoyar su desarrollo y hacer de él uno de sus medios de acción, haciendo todo lo que puedan para garantizar que, en cooperación con las otras fuerzas progresistas existentes, éste sea un factor de la revolución social que involucre la supresión de las clases, la total libertad, la igualdad, la paz y la solidaridad entre los seres humanos.

   Pero sería una gran y fatal ilusión el creer, como muchos creen, que el movimiento obrero por sí sólo puede, y debe, por su propia naturaleza, conducir a tal revolución. Al contrario, todos los movimientos fundados sobre intereses materiales y de corto alcance (y un amplio movimiento obrero no puede ser fundado sobre otra cosa), pero que carecen de energía, determinación, del esfuerzo combinado de hombres de ideas, que luchan y se sacrifican por un ideal futuro, tienden inevitablemente a adaptarse a las circunstancias; desarrollan un espíritu conservador y de miedo al cambio en aquellos que logran obtener mejores condiciones para sí mismos, y frecuentemente, terminan creando nuevas clases privilegiadas, y apoyando y consolidando el sistema que uno desea demoler.

De aquí se desprende la urgente necesidad de organizaciones puramente anarquistas, luchando desde dentro y desde fuera de los sindicatos para alcanzar una sociedad plenamente anarquista y para esterilizar todo germen de degeneración y reacción.

   Pero resulta claro que, para alcanzar sus fines, la organización anarquista debe estar en armonía, en su constitución y forma de operar, con los principios del anarquismo, es decir, no debe estar de ninguna forma contaminada por el espíritu del autoritarismo; debe ser capaz de reconciliar la acción libre de los individuos, con la necesidad y el placer de cooperación y ayudar a desarrollar la conciencia y la iniciativa de sus miembros; debe ser un medio para educar en el ambiente en que operamos, y para la preparación moral y material para el futuro que deseamos.

¿Entrega el proyecto en cuestión una respuesta a estos requisitos?                                            

No creo que lo haga. En mi opinión, en vez de crear entre los anarquistas un mayor deseo de organización, pareciera haber sido formulada para el designio expreso de reforzar el prejuicio en aquellos camaradas que creen que la organización significa la sumisión a líderes y pertenencia a una institución centralizada, autoritaria, que ahoga toda libre iniciativa. Y de hecho, expresa aquellas mismas intenciones que algunos persisten en atribuir a todos los anarquistas descritos como organizadores, contrariamente a la verdad evidente, y pese a nuestras protestas.

¿Una o muchas organizaciones?

  1. Primero que nada, parece ser erróneo -y en cualquier caso, impracticable- desear unir a todos los anarquistas en una "Unión General", i.e. como expresa el Proyecto, en una agrupación revolucionaria activa y única.

   Nosotros los anarquistas, podemos decir que somos todos del mismo partido, si por la palabra partido entendemos todos aquellos que están del mismo lado, es decir, que comparten las mismas aspiraciones generales y que, de una u otra manera, luchan por el mismo objetivo en contra de los enemigos comunes. Pero esto no significa que sea posible -ni, quizás, siquiera deseable- unirnos todos juntos en una misma asociación específica. Hay demasiadas diferencias entre los lugares y las condiciones de lucha, demasiados medios de acción posibles que prefieren unos y otros, demasiadas diferencias de temperamento y problemas personales de incompatibilidad para que la Unión General, si es tomada seriamente, sea, en vez de un medio de coordinación y síntesis de las contribuciones de todos, un obstáculo a la actividad individual y quizás, también, causa de amargos conflictos internos.

   ¿Cómo, por ejemplo, podría organizarse de la misma manera y con la misma gente, una asociación abierta de propaganda y de agitación entre las masas, y una sociedad secreta, forzada por las condiciones políticas del país en que opera a ocultar del enemigo sus intenciones, medios y miembros? ¿Cómo podrían los educacionistas y los revolucionarios adoptar las mismas tácticas, si los primeros creen que el ejemplo y la propaganda son suficientes para la transformación gradual de los individuos y, consecuentemente, de la sociedad, mientras que los últimos están convencidos de que es necesario destruir con violencia un orden que se basa en la violencia y crear, en contra de la violencia de los opresores, las condiciones necesarias para la diseminación de la propaganda y de la aplicación práctica de los ideales conquistados? ¿Y cómo se va a mantener junta a gente que, por razones propias, no se gustan ni se respetan entre sí y que nunca podrían ser igualmente militantes buenos y útiles para el anarquismo?

   -Más aún, los autores del Proyecto (Plataforma), declaran "inaceptable" la idea de crear una organización que pueda reunir a los representantes de las diferentes corrientes del anarquismo. Tal organización, ellos dicen, "incorporando elementos heterogéneos, teórica y prácticamente, no sería más que una ensalada de individuos que ven de manera diferente todas las cuestiones concernientes al movimiento anarquista y que, inevitablemente, se desintegraría tan pronto como fuera puesta a prueba por la realidad".  

   De acuerdo. Pero entonces, si reconocen la existencia de anarquistas de otras tendencias, deben además aceptar el derecho que éstos, a su vez, tienen a organizarse y a trabajar por la anarquía de la forma en que lo estimen mejor. ¿O proclamarán la expulsión del anarquismo, la excomulgación de todos aquellos que no aceptan su programa? Ellos dicen "querer agrupar en una única organización a todos los elementos saludables del movimiento libertario"; y naturalmente, tenderán a juzgar como saludables sólo a aquellos que piensen como ellos. ¿Pero qué harán con los elementos no saludables?

   Ciertamente, hay en el anarquismo, como en toda comunidad humana, elementos de diferente cualidad y, lo que es peor, hay quienes, en nombre de la anarquía, circulan ideas que tienen una extremadamente dudosa afinidad con el anarquismo. ¿Pero cómo evitar esto? La verdad anárquica no puede ni debe convertirse en el monopolio de un individuo o comité, ni puede depender de las decisiones de mayorías reales o imaginarias. Es sólo necesario -y esto es suficiente- que a todos les sea permitida la más grande libertad de crítica, y que cada persona sea capaz de mantener sus propias ideas y escoger a sus propios camaradas. A fin de cuentas, sólo el tiempo dirá quien está en lo correcto.

Congreso anarquista

   En realidad -como el texto de la Plataforma demuestra-, la voluntad de la Unión sólo puede significar la voluntad de la mayoría, expresada por medio de congresos, que nominan y controlan al Comité Ejecutivo y deciden sobre todas las cuestiones importantes. Naturalmente, los congresos estarán compuestos de representantes elegidos por mayoría en los grupos afiliados, y estos representantes decidirán qué hacer, nuevamente, por mayoría de votos. Así, en la mejor de las hipótesis, las decisiones serían tomadas por la mayoría de la mayoría, que podrían bien, especialmente cuando hay más de dos opiniones divergentes, representar no más que a una minoría.

   Debe también notarse que, dadas las condiciones en que los anarquistas viven y actúan, sus congresos son aún menos propiamente representativos que los parlamentos burgueses, y su control sobre el ejecutivo, de tener éste poderes autoritarios, podría ser oportuno y efectivo sólo con grandes dificultades. En la práctica, aquellos que van a congresos anarquistas son aquellos capaces de hacerlo, aquellos con dinero y aquellos que no son detenidos por la policía; aquellos que no representan más que a sí mismos o a un pequeño número de amigos, así como aquellos que representan realmente las visiones y deseos de una gran comunidad. Y tomando las precauciones hechas en contra de los traidores y espías, de hecho, por estas mismas precauciones necesarias, un examen serio de los mandatos y de su validez es imposible.

Las bases de la organización anarquista

   Una organización anarquista debe fundarse, en mi opinión, sobre bases muy diferentes a las propuestas por los compañeros rusos. Plena autonomía, plena independencia y, consecuentemente, plena responsabilidad de los individuos y del grupo; libre acuerdo entre aquellos que piensan útil unirse y cooperar para alcanzar el objetivo común; deber moral de apoyar las campañas emprendidas y no hacer nada que vaya en contra del programa aceptado. Sobre estas bases luego se construye el marco práctico, adaptado para traer vida real a la organización. Y luego, los grupos, federaciones de grupos, federaciones de federaciones de federaciones, los encuentros, los congresos, los comités encargados del enlace, etc. Pero todo esto debe ser hecho libremente para así no obstruir el pensamiento y la iniciativa de los individuos, y sólo a fin de dar más peso a campañas que, si son aisladas, serían imposibles o ineficaces.

   De esta manera, los congresos de una organización anarquista, si bien sufrirían en cuanto cuerpos representativos de todas las imperfecciones que ya he mencionado, estarán libres de cualquier resabio de autoritarismo, porque no harían leyes, ni impondrían sus decisiones sobre otros. Servirían para sostener e incrementar los contactos personales entre los camaradas más activos, para comparar y estimular los estudios programáticos sobre las formas y los medios de llevar adelante la acción, para informar sobre la situación en las diferentes regiones y sobre las acciones más urgentes que se deben realizar en cada área, para formular las variadas opiniones actualmente sostenidas por los anarquistas, y llevar a cabo una estadística de ellas -sin ser sus decisiones obligatorias, sino sólo sugerencias, advertencias, propuestas para plantear a todos los involucrados, y no compromisos, excepto, para aquellos que los acepten.

   Los órganos administrativos que sean nominados -Comité de Enlace, etc.- no tienen poderes ejecutivos, sólo realizan iniciativas de parte de quienes las desean y aprueban, y no tienen derecho a imponer su visión; ciertamente, podrán sostenerlas y difundirlas como cualquier grupo de compañeros, pero no podrán presentarlas como la línea oficial de la organización. Ellos publicarían las resoluciones de los congresos y las visiones y propuestas comunicadas a ellos por los grupos e individualidades; y ayudarían, para quienes lo deseen, a facilitar las relaciones entre los grupos y la cooperación entre todos aquellos que estén de acuerdo en diversos asuntos: cada persona es libre de hacer contacto directo con quien quiera, o de hacer uso de otros comités nominados por grupos especiales.

   En una organización anarquista, los miembros individuales pueden expresar cualquier opinión, o adoptar cualquier táctica que no contradiga los principios aceptados y que no dañen la actividad de otras personas. En cada caso, la organización dada dura por el tiempo en el cual las razones para la unidad son más que las razones para el disenso. De otra manera, se disuelve y sustituye por otros grupos más homogéneos.

   Por supuesto, la duración, la permanencia de una organización, condiciona su éxito en la larga batalla que debemos luchar, pero es además natural para cualquier institución aspirar, instintivamente, a una vida indefinida. Pero la duración de una organización libertaria debe ser la consecuencia de la afinidad espiritual de sus miembros y de la adaptabilidad de su constitución a las circunstancias en continuo cambio. Donde ésta ya no es más capaz de cumplir una misión útil, es mejor que muera.

   Estos camaradas están ansiosos de ver la victoria, al igual que nosotros; pero para vivir y lograr la victoria no es necesario renunciar a las mismísimas razones que nos dan vida y distorsionar el carácter de la eventual victoria. Queremos luchar y triunfar, pero como anarquistas, por la anarquía.

Publicada en "Il Risveglio" (Ginebra, Octubre de 1927). (El texto completo se encuentra en el ateneo virtual de Pensamiento Ingobernable. Puede consultarse ahí también “Errico Malatesta y la violencia revolucionaria” de A. M. Bonano).

 

 

HIPOCRESÍA DEL PURITANISMO   -Emma Goldman-

Mayorías y minorías      

   Sí; la autoridad, la coerción y la ciega obediencia son atributos de la masa; nunca existirá en ella la libertad ni el libre desenvolvimiento de la individualidad ni jamás podrá nacer de su seno una sociedad libre.

   No es que no me adolore con los oprimidos, con los desheredados de la Tierra,  no es porque no conozco el horror, la vergonzosa e indigna vida que conduce el pueblo, que repudio las mayorías como una fuerza creadora de bondad. ¡Oh, no, no! Sino que sé demasiado, que como masa compacta jamás estuvo al lado de la justicia ni de la igualdad.

-En otras palabras, la viviente verdad de un social y económico bienestar no llegará a transformarse en realidad, sino por el esfuerzo inteligente, el intrépido valor de las minorías poseedoras de una perfecta independencia mental, y no por obra y gracia de las masas.     

 

CARÁCTER ÉTICO DEL ANARQUISMO   -Luce Fabbri-

   En general, y para terminar, creo que hay que apuntar a todo lo que nos acerca a los demás, tratando de ser, dentro de la sociedad que queremos cambiar, un factor fermental y creativo, constituyendo, dentro de un mundo cada vez más violento y sombrío, focos, por pequeños que sean, de ajenidad al poder y a la explotación, focos de esa libertad de la conciencia que ninguna opresión puede destruir, y que sirven de puntos de referencia.

Nuestra acción en la sociedad es desde adentro y desde abajo y se desarrolla no solo en el movimiento anarquista organizado, sino también, con las limitaciones del caso, en los distintos aspectos de la vida, a través de una participación en sentido libertario en todas las actividades positivas que ofrezcan perspectivas de desenvolvimiento no autoritario: en los lugares de trabajo, en la familia, en las actividades recreativas y culturales, aplicando en ellas, así como en lo económico, cuando sea posible, la autogestión.

   En cuanto a las actividades específicas del movimiento libertario, ya sabemos que se estructuran por lo menos en las intenciones y sobre la base federalista, con un criterio horizontal y acéntrico, a nivel de barrio, municipal, nacional e internacional.

Esta organización flexible, en la que nadie prevalece y cada uno vale por sí mismo, tiene como fuerza de cohesión la ética de la libertad, es decir, la ética de la responsabilidad, la ética del que no necesita que nadie lo vigile y domine para cumplir con lo que su misma conciencia le señale como deber.          

 

 

6 TESIS SOBRE EL MUNICIPALISMO LIBERTARIO  -M. Bookchin-

   Si examinamos cuidadosamente la historia, veremos cómo la fábrica, criatura de la racionalización burguesa, no ha sido nunca el lugar de la revolución; los trabajadores revolucionarios por excelencia (los españoles, los rusos, los franceses y los italianos) han sido principalmente clases de transición, aún más, estratos sociales agrarios en descomposición que se vieron sujetos del último y discordante impacto corrosivo de la cultura industrial, hoy día convertida en tradicional.

   Así es, en efecto; allá donde los trabajadores están aún en movimiento, su batalla es totalmente defensiva (irónicamente se trata de una batalla por mantener el sistema industrial que se enfrenta con un desplazamiento del capital y un aumento de la tecnología cibernética) y que refleja los últimos coletazos de una economía en decadencia.   

 

 

EL ANARQUISMO ANTE LOS NUEVOS TIEMPOS   -M. Bookchin-

   La evolución de las clases

   -La propia historia está emitiendo todavía una sentencia que tiene más contenido existencial que cualquier teoría. Hasta para los programadores de computadoras –para no hablar de los perforadores de tarjetas mecanográficas, de los empleados de tercera y de los pequeños burócratas- se delinea una declinación en términos numéricos y en relevancia social, a consecuencia de la introducción de las conocidas como “computadoras inteligentes”, cuyo ulterior desarrollo a niveles de increíbles sofisticaciones es solo cuestión de tiempo. Todo movimiento radical que base su teoría de cambio social sobre un proletariado revolucionario –compuesto solo de obreros o de obreros y empleados- vive en un mundo que se va, en el supuesto caso que haya existido, con la desaparición de los oficios y de los trabajos de raíz campesina de la Europa latina y eslava del siglo pasado.

   Se me permitirá destacar que no estoy diciendo lo que digo para disminuir la importancia de ganar el apoyo de la clase laboral para un proyecto de emancipación humana, ni intento denigrar los esfuerzos en este sentido de los sindicalistas. Hoy en día un proyecto liberador que le falte el apoyo de la clase trabajadora está destinado probablemente al fracaso: los “cuellos azules” y aún más si se unen a los “cuellos blancos”, representan todavía una considerable fuerza económica. Pero, en cuanto a es, también un proyecto liberador que no logre atraerse a su lado a los jóvenes que componen los ejércitos de todo el mundo está asimismo destinado al fracaso.

¿Qué hacer como anarquistas?

   -Si los años sesenta me han enseñado algo, como norteamericano, es que no puedo hablar a mis “compatriotas” en el alemán de Marx, en el ruso de Lenin, en las lenguas asiáticas de Mao y de Ho Chi Min, ni tampoco en el español de Fidel: son todas aquellas “lenguas” que hablándolas los bolcheviques de nuestra casa se aislaron completamente de la vida americana. Las grandes masas de inmigrantes que introdujeron en América el socialismo y el anarquismo europeos si no desaparecieron, están en vías de desaparecer. Ideológicamente, los norteamericanos se hayan de nuevo frente a sus propias tradiciones y lenguaje, aparte del marxismo académico, incestuoso y hermético en sí como casi todas las disciplinas académicas, no conocen otra ideología o mitología si no aquella amasada en casa, en la escuela, por los medios. Gracias a la tradiciones libertarias de la Revolución norteamericana –tradiciones bien observadas por Proudhon y por Bakunin y, si me permiten agregar, por ellos admirada- encuentro más útil hablar a los norteamericanos en la lengua de Sam Adams, Tomas Paine, Thomas Jefferson, Henry Thoreu, Ralph Waldo Emerson y gente como ellos.

   Lo que hago es reelaborar las palabras de los viejos revolucionarios americanos para explicar mis principios anarquistas, utilizándola en nuevos contextos, al igual como mis compañeros españoles eran ibéricos hasta la medula y hablaban tanto en la lengua de Pi y Margall como en la de Mijail Bakunin. Soy y  permaneceré siendo internacionalista bajo cualquier aspecto y me opongo a toda forma de patrioterismo y chovinismo que pueda ponerme sobre o fuera de mi humanismo anárquico universal. Sé sin embargo, que no tiene sentido exhortar a los norteamericanos a las armas e invocar imágenes flamígeras de un pasado que le es extraño y tal vez incomprensible, sobre todo cuando el armamento del Estado ha dado un gran salto y está muy por encima de aquel de las barricadas y de la potencia de fuego de la Comuna de París y de la revolución española.

Pueblo y proletariado

   He hallado tendencias libertarias entre los jóvenes de los años sesenta, entre las mujeres de los años setenta y entre los ecologistas de los años ochenta. Cada vez me convenzo más que deberíamos volver a la palabra “pueblo”: una gran y creciente mezcla de individuos que se sienten oprimidos y dominados, no solo explotados, en todos los ámbitos de la vida: en el ámbito familiar, generacional, cultural, sexual, étnico y moral aparte de económico. Marx criticó a los anarquistas porque hablaban de “masas trabajadoras”, de “trabajadores” y de “oprimidos” en vez de usar el término científico de “proletariado”. El resultado es que nosotros teníamos razón y él estaba terriblemente equivocado, según el veredicto comprobado no solo por la teoría sino por la misma historia.

  Mi lenguaje es más populista que proletario, con énfasis particular en el dominio más que en la explotación. Mi programa consiste en crear un poder popular dual, antagónico al poder estatal que amenaza los residuos de libertad del pueblo norteamericano: un poder popular que reconstituya en forma anárquica aquellos valores libertarios y aquellos elementos utópicos que son el patrimonio más vital de la Revolución americana.       

-La tarea de los revolucionarios no es “hacer la revolución”. Esta sólo es posible si el pueblo todo participa en un proceso de experimentación e innovación orientado a la transformación radical tanto de la vida cotidiana como de la conciencia. La tarea de todo revolucionario será, entonces, provocar y promover ese proceso.

 

PODER POLITICO E INSTITUCIONES  -M. Foucault-

   El poder político también se ejerce a través de la mediación de cierto número de instituciones las cuales hacen ver como si no tuvieran nada en común con el poder político, y como si fueran independientes de este, cuando no lo son. Uno sabe esto con relación a la familia, y sabe que la universidad, y de manera general, todos los sistemas de enseñanza, los cuales aparecen simplemente como transmisores de conocimiento, están hechos para mantener cierta clase social en el poder, y excluir los instrumentos de poder de otras clases sociales (…) Me parece que la tarea real de la política en una sociedad semejante a la nuestra es criticar el trabajo de las instituciones, las cuales aparecen como neutrales e independientes, criticando y atacando de la misma manera que a la violencia política, la cual siempre ha ejercido oscuramente a través de ellas, desenmascararlas de modo que uno pueda luchar contra ellas.

 

EL ESTADO Y EL INCONSCIENTE   -R. Lourau-

El principio de equivalencia ampliado

   El principio de equivalencia, ampliado a todas las formas sociales significa que lo estatal, potencia de legitimación de la institución al mismo tiempo que resultado de todas la legitimidades institucionales, es lo que dirige toda la vida social, toda innovación, todo movimiento y frecuentemente, incluso la acción revolucionaria, para que las nuevas fuerza sociales den nacimiento  a formas equivalentes a las actuales en el marco de equilibrios mutantes, evolutivos o regresivos, pero siempre definidos por la existencia sagrada de un Estado a modo de garantía metafísica de lo social.  

La autogestión como condición del aniquilamiento del Estado

   Ya que, dentro de esta perspectiva de una autogestión que actué sobre un conjunto económico-político y sufra evidentemente las determinaciones de este conjunto, no vemos qué otro proceso además del de la desaparición del Estado pueda proveer de sentido al concepto de autogestión ni como otra práctica social además de la autogestión daría un contenido real al proceso de desaparición del Estado.  

 

EL TRABAJO FANTASMA   -I. Illich-

-Llamo “trabajo fantasma” a ese complemento del trabajo asalariado, a saber: la mayoría de los trabajos domésticos que realizan las mujeres en sus casas o en sus departamentos; las actividades vinculadas con sus compras; la mayor parte del trabajo que realizan los estudiante “empollando” sus exámenes; el esfuerzo que se realiza para ir al trabajo y regresar de él. Esto incluye el stress de un consumo forzado, el triste abandono de su ser en las manos de expertos terapeutas, la sumisión a los burócratas, los apremios para preparar el trabajo y un buen número de actividades comúnmente etiquetadas como “vida familiar”.

  -No es una actividad de subsistencia: la economía formal se alimenta de ella, pero no la subsistencia social.

  -Las workhouses de la Holanda calvinista o de la Alemania del norte, eran establecimientos que estaban organizados y habilitados para sanar la pereza y desarrollar la voluntad para hacer el trabajo asignado. Se concebían y se construían para transformar a los mendigos inútiles en trabajadores útiles. Fundadas para recibir a los mendigos que la policía detenía, las workhouses los “sometían a régimen”: algunos días de ayuno y cierta ración diaria y bien calculada de latigazos… hasta lograr que el pensionario se transformara en un trabajador útil.  Incluso se encuentra en ellas soluciones para los casos críticos. En Ámsterdam, a los recalcitrantes al trabajo se les echaba en una fosa constantemente inundada en la que sólo podían sobrevivir bombeando frenéticamente durante todo el día. No sólo en sus métodos pedagógicos, sino también en sus técnicas de formación para la autosatisfacción esas instituciones son las verdaderas precursoras de la escuela obligatoria.

-A lo largo del siglo XVIII  y durante gran parte del XIX, el proyecto de la alquimia económica no recibió ningún eco de abajo. La gente del pueblo se rebelaba. Motines por un justo precio del trigo; motines contra el envío de su trigo a otras regiones; motines en apoyo a los prisioneros por deudas. Se sentían en su derecho cuando la ley parecía no coincidir con su tradición de justicia. La multitud protoindustrial defendía lo que E. P. Thompson ha llamado su “economía moral”. Se rebelaba contra los atentados al fundamento social de esta economía: contra el encierro de las ovejas en cercados y ahora contra el de los mendigos. Durante esos motines la muchedumbre era frecuentemente conducida por mujeres.

   ¿Qué sucedió para que esa multitud protoindustrial sediciosa, que defendía su “derecho” a la subsistencia, se transformara en una masa laboriosa que defendía mediante la huelga su “derecho” al salario familiar? ¿Cuál fue el mecanismo social que logró lo que las nuevas leyes de los pobres y las workhouses no pudieron? Fue la división económica del trabajo en categoría productiva y categoría no productiva que se instauró con el encierro de las mujeres… en la casa. Se llegó a encerrar a las mujeres en ella cuando no se había logrado encerrar a las ovejas y a los mendigos.

-En la práctica, la teoría del valor-trabajo fundaba la nueva división económica de los sexos, transformaba al hombre en catalizador de oro y degradaba a la mujer confinada al hogar como ama de casa económicamente dependiente y, por vez primera, improductiva.      

-La guerra burguesa contra la subsistencia solo obtuvo una adhesión masiva cuando el “bajo pueblo” se transformó en honesta clase laboriosa, compuesta de hombres y mujeres económicamente distintos. Como miembro de esa clase, el hombre se hizo connivente con su patrón: los dos se preocuparon paralelamente de la expansión económica y de la supresión de la subsistencia. Pero a esta colusión fundamental entre capital y trabajo en la guerra contra la subsistencia la velaba el ritual de la lucha de clases.  

-En y por la familia, las dos formas complementarias del trabajo industrial se habían fusionado: trabajo asalariado y trabajo fantasma: hombre y mujer, afectivamente alienados por las actividades económicas de subsistencia, se convirtieron en el móvil de su mutua explotación en beneficio del patrón y de la acumulación de dos tipos de bienes de capital: de un lado los instrumentos al servicio de los cuales se efectúa el trabajo asalariado; del otro, los bienes de capital vinculados con el trabajo fantasma. Se olvida con demasiada frecuencia que el trabajo fantasma se volvió una actividad altamente capitalizada y que ese hecho debe tomarse en cuenta. Las inversiones en la casa, la cochera y la cocina reflejan la desaparición de las condiciones de subsistencia y son el índice del creciente monopolio de una economía fantasma.

   Sin embargo, la labor fantasma sobre la que esta economía se funda se disfraza constantemente.

EL GENERO VERNACULO   -I. Illich-

    -Hasta hoy, dos realidades motivaban poderosamente la adopción de medidas de crecimiento negativo: la degradación del medio ambiente y la contraproductividad paradójica. Una tercera se viene a añadir ahora: es necesario el crecimiento negativo para reducir el sexismo

    -La discriminación económica de las mujeres no habría podido existir sin la abolición del género  y la construcción social del sexo

   -Las sociedades precapitalistas están fundadas en el género. Esta es la condición de la subsistencia, lo es también de la supervivencia. Las sociedades donde el género vernáculo se ha hundido son sociedades capitalistas. Sus sujetos sin género son productores individuales. Esta transformación decisiva aún no ha sido reconocida como lo que es: la condición antropológica principal de la transición de las economías precapitalistas a la sujeción de las necesidades cotidianas a la mercancía, sujeción que se denomina “capitalismo”. El pasaje al capitalismo coincide antropológicamente con la declinación que lleva al género dislocado hasta el régimen del sexo. 

   -La condición necesaria, aunque todavía insuficiente, para producir el declive del sexismo, es la reducción monetaria y la expansión de las formas de subsistencia fuera del mercado, fuera de la economía.  

  -La lucha contra el sexismo converge con la lucha contra la destrucción del medio ambiente y con la oposición al monopolio radical de los bienes y los servicios sobre las “necesidades”.