Libertad

-El hombre sólo realiza su libertad individual o bien su personalidad al completarse con todos los individuos que le rodean, y únicamente gracias al trabajo y al poder colectivo de la sociedad. La sociedad lejos de disminuir y limitar, crea por lo contario la libertad de los individuos humanos. 

-La ley de la solidaridad social es la primera ley humana; la libertad es la segunda ley.

-En casi todos los países las mujeres son esclavas; mientras que no sean completamente emancipadas, nuestra propia libertad será imposible.

-Solo soy verdaderamente libre cuando todos los seres humanos que nos rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres, de manera que cuando más numerosos son los hombres libres que me rodean y más profunda y más amplia es su libertad, más extensa, más profunda y más amplia viene a ser mi libertad.-

EL GOBIERNO DE LOS HOMBRES INTELIGENTES Y VIRTUOSOS

Trabajo inteligente y libre

-No creo que la sociedad deba maltratar a los hombres geniales como lo han hecho hasta el momento. Pero tampoco creo que deba cebarlos en exceso, ni sobre todo concederles privilegios o derechos exclusivos cualesquiera.-

-Cuando el hombre de ciencia trabaje y el hombre de trabajo piense, el trabajo inteligente y libre será considerado como el más bello título de gloria para la humanidad, como la base de su dignidad, de su derecho, como la manifestación de su poder humano sobre la tierra y la humanidad será constituida.-

-Tanto en interés del trabajo como también en el de la ciencia, es preciso que no haya ya ni obreros ni sabios sino solo hombres.-

-Pero al rechazar la autoridad absoluta, universal e infalible de los hombres de ciencia, no por ello aspiramos menos a ver a hombres dotados de una gran sabiduría, de una gran experiencia, de un gran espíritu y sobre todo de un gran corazón, ejerciendo sobre nosotros una influencia natural y legitima, libremente aceptada y no impuesta en nombre de cualquier autoridad oficial, celestial o terrestre.-

ESTADO Y LIBERTAD

Campesinos y trabajo popular

-Dicen los marxistas, los campesinos son los representantes naturales de la reacción mientras que el Estado militar y burocrático moderno (producto y compañía obligada de la revolución social que a partir de la segunda mitad del siglo XVI comenzó la transformación, lenta pero siempre progresiva, de la antigua economía feudal y de la tierra en producción de riquezas o, lo que significa lo mismo, en explotación del trabajo popular por el capital) fue una condición esencial de esa revolución.-

DE PROUDHON Y MARX A LA COMUNA

-Marx como pensador está en el buen camino. Ha establecido como principio que todas las evoluciones políticas, religiosas y jurídicas en la historia no son las causas sino los efectos de las evoluciones económicas: un pensamiento grande y fecundo que no ha inventado en absoluto, que fue entrevisto, expresado en parte por muchos otros antes que él. Pero, en fin, le corresponde el honor de haberlo establecido con solidez y de haberlo planteado como base de todo su sistema económico. Proudhon en cambio comprendió y sintió la libertad mucho mejor que él; Proudhon, cuando no hacia doctrina ni metafísica, tenía el auténtico instinto de revolucionario: adoraba a Satanás y proclamaba la Anarquía. Es muy posible que Marx pueda elevarse “teóricamente” hasta un sistema aún más racional de la libertad que Proudhon; pero le falta el instinto de Proudhon, es un comunista autoritario de los pies a la cabeza.-

-El Estado político de cada país es siempre el producto y la expresión fiel de su situación económica; para cambiar al primero no hay más que transformar esta última. Todo el secreto de las evoluciones históricas está ahí, según el señor Marx. No tiene en cuenta a otros elementos de la historia tales como la reacción (evidente sin embargo) de las instituciones políticas, jurídicas y religiosas sobre la situación económica. Dice: “La miseria produce la esclavitud política, el Estado”, pero no permite que se dé la vuelta a esa frase diciendo: “La esclavitud política, el Estado, reproduce a su vez y mantiene la miseria como una condición de existencia…”

El Sr. Marx desconoce asimismo por completo un elemento muy importante en el desarrollo histórico de la humanidad: se trata del temperamento y carácter particulares de cada raza y de cada pueblo, temperamento y carácter que son naturalmente a su vez los productos de una multitud de causas etnológicas, climatológicas y económicas, así como históricas, pero que una vez dados ejercen, incluso al margen e independientemente de las condiciones económicas de cada país, una considerable influencia sobre sus destinos, e incluso sobre el desarrollo de sus fuerzas económicas.-

Ideal positivo y acción destructora

-Nadie puede querer destruir sin tener como mínimo una imaginación lejana (verdadera o falsa) del orden de cosas que según él debería suceder al que hoy existe; y cuanto más viva en él esa imaginación, más su fuerza destructora se hace potente; y cuanto más se aproxima a la verdad, es decir cuanto más conforme está con el desarrollo necesario del mundo social actual, más saludables y útiles se hacen los efectos de su acción destructora. Pues la acción destructora está siempre determinada por el ideal positivo que constituye su inspiración primera, su alma, no solamente en su esencia y en el grado de su intensidad, sino también en sus modos, en sus vías y en los medios que emplea.-

Teorías y su puesta en práctica

-Sé que muchos socialistas, muy consecuentes en la teoría, reprochan a nuestros compañeros de París el no haberse mostrado suficientemente socialistas en su práctica revolucionaria; he de hacer observar a los severos teóricos de la emancipación del proletariado que son injustos hacia nuestros hermanos de París: pues entre las más exactas teorías y su puesta en práctica hay una distancia inmensa que no se salva en unos días.- 

LA EMANCIPACION DE LOS TRABAJADORES  HA DE SER OBRA DE LOS TRABAJADORES MISMOS

-“La emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos”, dice el preámbulo de los estatutos generales. Y tiene mil veces razón en decirlo. Es la base principal de nuestra gran Asociación. Pero el mundo obrero es generalmente ignorante,  la teoría le falta aún por completo.-

-Un principio que he oído enunciar muy a menudo y que siempre he considerado como plenamente falso: “Que no hay que ocuparse de las personas sino sólo de los principios”. Por lo que a mí respecta, que nunca pude concebir que los principios pudieran funcionar sin la intervención de personas entregadas a ellos y solidariamente unidas en su nombre, siempre he dado una gran importancia a las personas.-

-Otra cosa sucede con la gran masa obrera que, abrumada por su trabajo cotidiano, es ignorante y miserable. Ésta, cualesquiera que sean los prejuicios políticos y religiosos que se haya tratado e incluso logrado en parte imponer en su conciencia, “es socialista sin saberlo”; en el fondo de su instinto y por la fuerza misma de su posición, es más realmente socialista que todos los socialistas científicos y burgueses juntos. Lo es por todas las condiciones de su existencia material, por todas las necesidades de su ser, mientras los otros lo son sólo pos las necesidades de su pensamiento; y, en la vida real, las necesidades del ser ejercen siempre un poder mucho más fuerte que las del pensamiento; pues el pensamiento es aquí, como en todas partes y siempre, la expresión del ser, el reflejo de sus desarrollos sucesivos, pero nunca su principio.-

¿PUEDE SER SOCIALISTA LA BURGUESÍA?

-La revolución social no excluye en absoluto la revolución política. Por lo contrario, la implica necesariamente, pero imprimiéndole un carácter completamente nuevo, el de la emancipación real del pueblo del yugo del Estado.-

-¿Queréis que os exprese todo mi pensamiento? Pues, creo que (en Italia) tenéis un elemento revolucionario mucho más potente y real en el campo que en la ciudad. Indudablemente hay más instrucción entre vuestros obreros de ciudad. Por desgracia, la ignorancia es general en vuestro país. Pero es mucho mayor en el campo que en la ciudad. En el proletariado de la ciudad hay más pensamiento, más conciencia revolucionaria, pero hay más potencia natural en el campo.

Pero hay otras dos capas que debéis tener en cuenta; ante todo porque, por su situación cada vez más lamentable, forzosamente se vuelven de día en día cada vez más revolucionarias, y porque siendo ambas muy numerosas ejercen una influencia muy real en el pueblo: en la ciudad es la pequeña burguesía; en el campo es la clase de los pequeños propietarios.

Pequeña burguesía y jóvenes estudiantes

-Por profundo que sea nuestro desprecio por la moderna burguesía, la antipatía y la desconfianza que nos inspira, hay no obstante dos categorías en ésta clase, de las que no desesperamos de ver  una pequeña parte por lo menos que se deje convertir tarde o temprano por la propaganda socialista y que, impulsada la una por la fuerza misma de las cosas y por las necesidades de su posición actual y la otra por un temperamento generoso, tendrán que participar sin duda alguna con nosotros en la destrucción de las presentes iniquidades y en la construcción de un mundo nuevo. Nos referimos a la pequeña burguesía más pequeña y a la juventud de las escuelas y universidades.-

-Corrompidos por el ejemplo y los preceptos de sus padres, los jóvenes de la burguesía aún no lo están por la práctica real de la vida, sus propios actos no han cavado aún un abismo entre la justicia y ellos, y en cuanto a las malas tradiciones de sus padres, están algo inmunizados contra ellas por ese espíritu de contradicción y de protesta naturales de que están siempre animadas las jóvenes generaciones con respecto a las generaciones precedentes. La juventud es irrespetuosa, desprecia instintivamente la tradición y el principio de autoridad. Ahí está su fuerza y su salvación.

Pero tan pronto como los adolescentes dejan de ir a la escuela, tan pronto como pasan a ocupar un puesto definido en la sociedad y se impregnan con los hábitos, los intereses y, por así decirlo, la lógica de una situación más o menos privilegiada, tan pronto como eso llega, ocupan su puesto de acuerdo con la vieja generación contra la que se habían rebelado.-

DE LA INTERNACIONAL A LA “VIDA COTIDIANA”

Teoría revolucionaria

-En los momentos de grandes crisis políticas o económicas en que el instinto de las masas, caldeado hasta el rojo vivo, se abre a todas las felices inspiraciones, en que esos rebaños de hombres esclavos, encorvados, aplastados pero nunca resignados se rebelan por fin contra su yugo, pero se sienten desorientados e impotentes puesto que están completamente desorganizados, diez, veinte o treinta hombres bien entendidos y organizados entre ellos, y que sepan a dónde van y lo que quieren , arrastrarán fácilmente a cien, doscientos, trecientos o incluso más. Lo hemos visto recientemente en la Comuna de París.-

-Si sólo hubiera habido secciones centrales en la Internacional, probablemente hubieran logrado hasta formar conspiraciones populares para el derrocamiento del actual orden de cosas, conspiraciones de intención pero impotentes en exceso para alcanzar su objetivo, ya que jamás hubieran podido arrastrar y recibir en su seno más que un reducidísimo número de obreros, los más inteligentes, enérgicos, convencidos y entregados. La inmensa mayoría, los millones de proletarios habrían quedado al margen, y para derrocar y destruir el orden político y social que hoy nos aplasta es preciso la participación de esos millones.-

-Así pues, para interesar y arrastrar a todo el proletariado en la obra de la Internacional, era y sigue siendo preciso aproximarse a él no con ideas generales y abstractas sino con la comprensión real y viva de sus males reales; y sus males de cada día, aunque para el pensador presenten un carácter general, y aunque en realidad sean efectos particulares de causas generales y permanentes, son infinitamente diversos, toman una multitud de aspectos distintos producidos por una multitud de causas pasajeras y parciales.

-Así pues, para tocar al corazón y conquistar la confianza, asentimiento, adhesión, participación del proletariado, hay que empezar hablándole, no de los males generales del proletariado internacional entero ni de las causas generales que los originan, sino de sus males particulares, cotidianos, completamente privados. Hay que hablarle de su propio oficio y de las condiciones de su trabajo precisamente en la localidad en que habita; de la dureza y la extensión excesiva de su trabajo cotidiano, de la insuficiencia de su salario, de la ruindad de su patrono de la carestía de los víveres y de la imposibilidad que tiene de alimentar y criar convenientemente a su familia.

Y al proponerle medios para combatir esos males y para mejorar su posición, sobre todo no hay que hablarle de entrada de esos medios generales y revolucionarios que constituyen ahora el programa de acción de la Asociación Internacional de Trabajadores, como son la abolición de la propiedad individual hereditaria y la institución de la propiedad colectiva; la abolición del derecho jurídico y del Estado y su sustitución por la organización y la federación libre de las asociaciones productoras; probablemente no comprendería nada de todos esos medios, e incluso podría darse que, encontrándose bajo la influencia de ideas religiosas, políticas y sociales que los gobiernos y los curas han tratado de inculcarle, rechazara con desconfianza y cólera al propagandista imprudente que quisiera convertirle con tales argumentos. No, de entrada solo hay que proponerle medios tales que su buen sentido natural y su experiencia cotidiana no puedan dejar de captar su utilidad ni rechazarlos.-

-Muchos son de la opinión de que una vez cumplida esta misión (organizar en torno a cada sección central tantas secciones de oficio como industrias distintas había) las secciones centrales debían disolverse dejando existir tan sólo las secciones de oficio. Según nosotros es un gran error. Pues la inmensa tarea que se ha impuesto la Asociación Internacional de Trabajadores no es únicamente una obra económica o simplemente material, es al mismo tiempo y en el mismo grado una obra social, filosófica y moral; es también, por así decirlo, una obra eminentemente política.-

Ateísmo y cuestiones religiosas

-Los fundadores de la Asociación Internacional actuaron con muy gran cordura eliminando ante todo del programa de esta asociación todas las cuestiones políticas y religiosas.-

-Si hubieran enarbolado la bandera de un sistema político o antirreligioso, lejos de unir a los obreros de Europa los habrían dividido más aún.-

-Es verdad que si la Internacional hubiera puesto el ateísmo como principio obligatorio en su programa hubiera excluido de su seno a la flor del proletariado; y con esta expresión no me refiero, como hacen los marxistas, a la capa superior, la más civilizada y acomodada del mundo obrero, esa capa de obreros casi burgueses de que quieren servirse precisamente para construir su “cuarta clase gubernamental”, y que es ciertamente capaz de formarla si no se pone orden en interés de la gran masa del proletariado.-

Flor del proletariado

-Por flor del proletariado entiendo precisamente esa eterna carne de gobierno, esa “gran canalla popular” que, estando casi virgen de toda civilización burguesa, lleva en su seno, en sus pasiones, en sus instintos, en sus aspiraciones, en todas las necesidades y las miserias de su posición colectiva todos los gérmenes del socialismo del futuro, y que es la única lo bastante poderosa hoy para inaugurar y para hacer triunfar la revolución social.-

 -Imitemos, pues, un poco la cordura de nuestros adversarios. Mirad cómo todos los gobiernos tienen en la boca la palabra “libertad” mientras que sus actos son reaccionarios. Que la autoridades revolucionarias no hagan más frases sino que con un lenguaje tan moderado y pacifico como sea posible hagan la revolución.-

Discusión de cuestiones filosóficas y políticas

-Pero entonces, ¿cómo resolver esa aparente contradicción? Por un lado las cuestiones filosóficas y políticas han de ser excluidas del programa de la Internacional y por otro lado han de ser necesariamente discutidas en ella. Ese problema se resuelve por sí mismo mediante la libertad. Ninguna teoría filosófica o política ha de entrar como fundamento esencial, oficial, y como condición obligatoria en el programa de la Internacional. Por lo contrario, es la existencia de una teoría oficial lo que mataría la discusión viva, haciéndola absolutamente inútil.-

-No hay duda que si evitamos precisar bien nuestro carácter real, el número de nuestros adherentes podrá llegar a ser muy grande.-

-Es evidente por otra parte que si proclamamos en voz alta nuestros principios el número de nuestros adherentes será más restringido: pero por lo menos serán adherentes serios, sobre quienes podremos contar. Y nuestra propaganda sincera, inteligente y seria no envenenará sino que moralizará al público.-

-Por otra parte, se trata aquí de una guerra mucho más teórica que práctica, de lucha de ideas, no de intereses. Y una lucha semejante sólo puede tener efectos bienhechores para la Internacional; contribuye necesariamente al desarrollo de su pensamiento sin perjudicar lo más mínimo a su solidaridad real, ya que esta solidaridad no es teórica en absoluto sino práctica.-

Acción revolucionaria

-Ahora hemos de embarcarnos todos juntos en el océano revolucionario y hemos de propagar nuestros principios no ya mediante palabras sino mediante hechos, ya que es la más popular, poderosa e irresistible de las propagandas.-

-¿Qué han de hacer, pues, las autoridades revolucionaria –y procuremos que haya las menos posibles -, qué han de hacer para extender y para organizar la revolución? No han de hacerla ellas mismas mediante decretos ni imponerla a las masas, sino provocarla en las masas. No han de imponerles cualquier organización sino, suscitando su organización autónoma de abajo a arriba, trabajar bajo mano gracias a la influencia individual sobre los individuos más inteligente e influyentes de cada localidad, para que esta organización esté de acuerdo con nuestros principios como sea posible.-

-Los revolucionarios socialistas de nuestros días no tienen nada o casi nada que imitar de los procedimientos revolucionarios de los jacobinos de 1793. La rutina revolucionaria a perder. Han de trabajar en lo vivo, han de crearlo todo.-

Coordinación en la acción

-Para establecer una cierta coordinación en la acción, coordinación necesaria, para mí, entre personas que tienden hacia el mismo objetivo, se imponen ciertas condiciones; un número determinado de reglas que vinculen a cada uno a todos, ciertos pactos y acuerdos frecuentemente renovados; si todo eso falta, si cada cual trabaja como le plazca, las personas más serias mismas se encontraran en una situación en que los esfuerzos de los unos serán neutralizados por los de los otros. Es la inarmonía lo que resultará de ello y no la armonía y la confianza serena hacia la que tendemos.-

-Esa disciplina no es entonces más que la concordancia voluntaria y reflexionada de todos los esfuerzos individuales hacia un objetivo común. En el momento de la acción, en medio de la lucha, se reparten naturalmente los papeles según las aptitudes de cada uno apreciadas y juzgadas por toda la colectividad: unos dirigen y ordenan, otros ejecutan las órdenes. Pero ninguna función se petrifica, no se fija ni queda irrevocablemente vinculada a ninguna persona. No existen el orden y el progreso jerárquico, de manera que el que ayer mandaba puede pasar a ser hoy subalterno. Ninguno se alza por encima de los demás o si se alza es sólo para caer instantes después, como la olas del mar, volviendo siempre al saludable nivel de la igualdad.-

-En este sistema ya no hay propiamente poder. El poder se funde en la colectividad y pasa a ser la sincera expresión de la libertad de cada cual, la fiel y seria realización de la voluntad de todos.-  

-Nuestro objetivo es crear una colectividad revolucionaria poderosa pero siempre invisible; una colectividad que ha de preparar la revolución y dirigirla, dejando al movimiento revolucionario de masas su pleno desarrollo y a su organización social la libertad más absoluta, pero siempre atentos a que este movimiento y esta organización no puedan jamás reconstituir autoridades, gobiernos, Estados.-

Bakunin. LA LIBERTAD